Blogs – Perfiles psicológicos de delincuentes juveniles colombianos: diferencias según el tipo de delito, la reincidencia y la edad.

Investigación

Muchos estudios psicológicos sobre jóvenes en conflicto con la ley, adolescentes infractores o delincuentes juveniles se realizan desde un enfoque no diferencial. Esto es, se trata a todos los jóvenes como se fueran un grupo homogéneo. Una de las pocas variables que se ha considerado como relevante para diferenciarlos ha sido el género. Así, se han reportado niveles más elevados de agresividad verbal, ira y hostilidad en las mujeres (Jurczyk & Lalak, 2020), mayores niveles de depresión en mujeres (Holzer et al., 2018), menor capacidad de autocontrol en los hombres (Shekarkhar & Gibson, 2011), índices significativamente más altos de agresión física y relacional, afecto negativo, ansiedad y angustia por provocaciones sociales en las mujeres (Stickle et al., 2012), más consumo de alcohol y drogas y problemas de salud mental (depresión y ansiedad) en las mujeres (Cauffman et al., 2007; Dixon et al., 2004), mayor influencia y asociación delictiva con los pares para cometer delitos en los hombres (Piquero et al., 2005), mayor fuerza de la relación entre la victimización y la delincuencia en los hombres y mayor fuerza de la relación entre el maltrato y la delincuencia en las mujeres (Zahn et al., 2010), entre otras (Bright et al., 2017).

Sobre la premisa de que no todos los delincuentes son iguales, se ha desarrollado la tipología delictiva, que consiste en una clasificación de los delincuentes en diferentes categorías teóricas o prácticas. Moffitt (1993) sugirió que la delincuencia juvenil contenía dos categorías cualitativamente distintas que necesitaban su propia explicación teórica: los persistentes a lo largo de la vida y los limitados a la adolescencia. Loeber y Farrington (1998) identificaron un subgrupo de delincuentes juveniles al que denominaron “delincuentes juveniles violentos graves”, que mostró diferentes factores de riesgo y protección, diferentes trayectorias de desarrollo y diferentes carreras delictivas. Según ellos, este subgrupo requiere tratamientos y sanciones diferenciales que tengan en consideración la gravedad del delito, el riesgo de reincidencia para los delitos graves y las necesidades individuales del menor.

Esta clasificación de los jóvenes delincuentes de acuerdo con la gravedad del delito ha dado origen a la dicotomía violento/no violento (Lai et al., 2016). Los delincuentes juveniles también pueden mostrar un perfil especializado en delitos violentos o un perfil versátil, que incluiría delitos mixtos (violentos y no violentos) (Thomas, 2015, 2016). Otros autores consideran pertinente diferenciar no solo la gravedad del delito, sino también considerar si los jóvenes consumían o no sustancias. Vaughn et al. (2014) reportaron un 5 % de jóvenes delincuentes con un perfil que no sólo mostraban mayores niveles de violencia, sino también mayores niveles de abuso de sustancias y otros comportamientos delictivos.

Craig et al. (2006) compararon tres grupos de delincuentes juveniles: un grupo que cometió delitos sexuales, un grupo que cometió delitos violentos y un grupo que cometió delitos generales. al analizar la mentira, la ansiedad, la extroversión, la hostilidad, la introversión, la depresión, la tensión, la desviación psicopática, la impulsividad y la agresividad, solo encontraron diferencias estadísticamente significativas en la hostilidad, la tensión, la impulsividad y la agresión, que fueron mayores en el grupo violento. De acuerdo con lo análisis de este estudio, los delincuentes violentos se distinguían por ser más propensos a tener un historial de abuso de sustancias, un estilo de vida más caótico y por atacar a víctimas desconocidas o extrañas, así como por presentar una mayor psicopatología y un mayor índice de reincidencia.

Lai et al. (2016) compararon el riesgo y las necesidades de los delincuentes juveniles no violentos con los que sólo habían cometido delitos violentos (sólo violentos) y los que habían cometido delitos violentos y no violentos (violentos y más) para determinar si los jóvenes violentos eran un «tipo» diferente de los jóvenes no violentos. El grupo violentos y más tuvo puntuaciones significativamente más altas en sus necesidades criminógenas. Los jóvenes violentos y más tenían más probabilidades de tener antecedentes de acoso y agresión sexual/física, poca capacidad de resolución de problemas y de pertenecer a una banda, así como mayor probabilidad de tener antecedentes de acoso escolar y huida. También eran más propensos a tener dificultades económicas o de alojamiento en la familia y a pertenecer a bandas. Este grupo fue el que mostró el perfil de mayor riesgo. Según los autores, las intervenciones deben tener consideración estas diferencias. 

Incluso dentro de un subgrupo de delincuentes juveniles pueden encontrarse otros subgrupos. Para el subgrupo de delincuentes juveniles sexuales se han reportado varias clasificaciones basadas en distintos perfiles. Bijleveld y Hendriks (2003) estudiaron los delincuentes sexuales en solitario y aquellos en grupo y encontraron que los solitarios presentaban mayores niveles de neuroticismo, impulsividad y búsqueda de sensaciones, pero menos sociabilidad. Además, reincidían más en delitos sexuales y, con mayor frecuencia, ellos mismos eran víctimas de un delito sexual. Aebi et al. (2012) analizaron las dimensiones la delincuencia sexual juvenil y hallaron cinco factores: delincuente único con abuso sexual grave de un menor emparentado, delincuente general persistente con antecedentes migratorios, delincuente mayor con consumo de alcohol y limitaciones familiares, delincuente múltiple y agresivo con adversidades sociales y delincuente con víctimas no seleccionadas y múltiples. Todos estos autores coinciden en la heterogeneidad de los perfiles y en la necesidad de diferenciarlos adecuadamente para la intervención. 

Los costos tangibles e intangibles de los delitos cometidos por estos jóvenes y las consecuencias sobre sus propias vidas son inestimables. Encarcelar a los jóvenes en prisión tiene escasos efectos positivos en la reducción de la delincuencia ya que no aborda ni las necesidades de desarrollo ni las necesidades criminógenas del joven. Por el contrario, tiene mayores efectos negativos (Lambie & Randell, 2013). Los programas de intervención para la reducir las tasas de reincidencia han mostrado que se deben desarrollar e implementar diferenciando los subgrupos que puedan aglomerarse entorno a ciertas variables, como la edad, la reincidencia, la raza, el tipo de delito, o la zona de residencia (Moffitt, 1993). Bergseth y Bouffard (2013) comprobaron que la efectividad de un programa de justicia restaurativa para jóvenes delincuentes dependía de estas variables. Si bien el género se ha mostrado como la variable más frecuente en los estudios que analizan las diferencias psicológicas en delincuentes juveniles, existen otras que no han recibido tanta atención. Para conocer e intervenir efectivamente los diversos factores de riesgo, predisponentes, mantenedores o protectores asociados con esta problemática social y de salud se requiere realizar otro tipo de análisis que permita identificar las diferencias psicológicas en esta población.

El objetivo general de la presente investigación fue elaborar los perfiles psicológicos de un grupo de delincuentes juveniles colombianos de acuerdo con el tipo de delito, la reincidencia y la edad y examinar sí existían diferencias entre ellos. A diferencia de investigaciones psicológicas previas con esta población, aquí utilizamos un instrumento de medición amplio para evaluar comprensivamente no solamente una serie de variables psicológicas emocionales, conductuales, cognitivas, interpersonales y psicopatológicos que son pertinentes y relevantes para obtener un mejor entendimiento de los problemas de comportamiento característicos de estos jóvenes. Estos perfiles diferenciados servirán igualmente para reconocer fortalezas en áreas y ámbitos que permitan a instituciones y profesionales direccionar las intervenciones sirviéndose de esos factores de protección. Los resultados serán tanto de interés científico como clínico. Igualmente, podrían ser útiles para la toma de decisiones sobre políticas administrativas y legales para estos jóvenes. 

Medellín es la segunda ciudad más importante de Colombia, después de Bogotá. Es una ciudad con una historia marcada por los crímenes del narcotráfico de los años 90 del siglo pasado cuando estuvo sometida por el Cartel de Medellín, en cabeza de Pablo Escobar. Pese a que los últimos años ha tenido una transformación social, cultural, económica, educativa y científica extraordinaria, en la ciudad se siguen presentando diversos tipos de delitos y crímenes asociados con el tráfico de drogas y las bandas criminales organizadas, algunas de ellas alidadas con las guerrillas nacionales. Infortunadamente, muchos adolescentes y jóvenes son tanto causa como efecto de esta situación social. 

Entre 2007 y 2021 en Colombia se detuvieron, en promedio, 19216 jóvenes por año. La mayoría, hombres con edades entre los 16 y 17 años. A pesar de que América Latina y el Caribe es reconocida como la región más violenta del planeta y que Colombia es uno de los países con los costos sociales más altos asociados con los delitos cometidos por jóvenes (entre el 0,41 % y el 0,61 % del PIB de 2019) (Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, 2022), son escasos los programas de intervención basados en la evidencia. Obtener el perfil psicológico general de estos jóvenes y evaluar las diferencias en los perfiles de acuerdo con ciertas variables relevantes asociadas con el delito es una contribución para un mejor entendimiento de esta problemática.

IPSICOL es una organización no gubernamental con sentido humanista cristiano orientado a la educación fundada en 1978. Su objetivo es promover, mediante acciones educativas el crecimiento de las personas en sus contextos de vida familiar, escolar, laboral, y comunicativo.